miércoles, 30 de diciembre de 2020

CRÓNICA DE UN DESASTRE ANUNCIADO

 Érase una vez un país donde la educación importaba medio comino. En el año 2020 se declaró una pandemia mundial que llevó a mediados de marzo a cerrar los centros educativos porque la gente se contagiaba a puñados y era necesario “bajar la curva”, o lo que es lo mismo, evitar que los hospitales colapsaran, debilitados como estaban por años de recortes. Nótese: los contagios, entonces, se daban como probables en los centros educativos, de ahí su cierre inmediato.

Esa etapa de educación durante el confinamiento fue toda una experiencia y una constatación de que el sistema educativo, deteriorado por las mismas políticas que el sanitario, tampoco estaba preparado para hacer frente a la situación extraordinaria. En general, el profesorado, como siempre, se echó a las espaldas el sistema; las familias hicieron lo posible por suplir la labor docente; el alumnado que pudo, se lo tomó en serio y descubrió, más allá del instagram, las clases on-line; la Administración educativa no estuvo a la altura, llegó como de costumbre tarde y mal. Una parte significativa se quedó atrás: el alumnado con NEAE y el que carecía de recursos por la brecha de clase social (mal llamada entonces brecha digital).

Algunas ya empezamos a alertar de que esto venía para acompañarnos una laaarga temporada, que el curso empezaría con COVID y que era necesaria inversión para bajar las ratios, contratar docentes y habilitar espacios educativos, todo en aras de mantener condiciones lo más seguras posible en los centros educativos. Manifestación final de curso por un #PlanEmergenciaEducativa imprescindible para el curso 2020-21, ya no valdría improvisar. Notables ausencias.

Verano caliente. Algunas levantando el debate social al respecto y presionando para que la vuelta a clase fuera en condiciones de seguridad. #SinSeguridadNoVolvemos y la Junta de Andalucía amenazando con denunciar por absentismo a las “familias insumisas”.

Las direcciones de los centros se plantan; les duró poco, eso sí, lo que tardaron en tener “seguridad jurídica”. Salvo una honrosa excepción que dimitió. Todas a devanarse los sesos para pintar rayas en el suelo y elaborar el protocolo. ¡Loado sea Imbroda! ¡Documentazo! Donde esté un protocolo aparente, que se quiten la movilización y la denuncia, que son mucho más arriesgadas y costosas.

Otras, representando más a las familias que tenían que “conciliar” y, por tanto, arriesgar la salud, pedían #VueltaSegura, pero si no… pues que sea lo que Imbroda quiera. No sea que haya que apoyar a las “insumisas” extendidas ya por toda Andalucía y darles la razón. ¡Y eso es lo último!

La Consejería boicotea las movilizaciones de principios de curso y, así y todo, el 18-S la huelga educativa fue un éxito porque hubo unidad de toda la comunidad educativa. Todo un verano dando calor daba sus frutos, pero se quedaba en un gesto de protesta desatendido por la Administración. Normal, nos conocen y saben que no vamos a más.

¿Y ahora? ¿Se ha normalizado lo que pasa en los centros educativos? Todo parece indicar que así es. Nótese el cambio de discurso respecto a marzo: ahora los contagios no se dan en los centros educativos, pese a que las condiciones son las mismas que entonces. Las cifras no apoyan el mensaje de que los centros educativos son seguros.

Con los datos que ofrece el gobierno de España, que puede que no sean del todo exactos pues se basan en los que a su vez ofrecen las CCAA, y es manifiesto que dependen de la “gestión” que hacen de los casos sospechosos de COVID, que en los centros educativos -mundo aparte dentro de este mundo pandémico- es la que es, o sea la que interesa que sea (disculpen que les falte el aire al leer), se ve a las claras que la franja de edad donde más contagios aparecen es entre los 5 y 14 años.

Un dato interesante es que esta subida continua de casos en esas edades se produce a partir de mediados de septiembre y el mensaje “oficial” es que los niños y niñas se contagian en el ámbito familiar, porque sus padres tienen reuniones familiares -¡qué irresponsables!- y van a bares y supermercados -¡habrase visto tamaño despropósito!-. Lo curioso es que esta temeridad de los padres y madres también se produjo en verano y que la única variable que empieza a actuar en septiembre es el comienzo del curso escolar. ¿Casualidad o causalidad?

Érase que al principio de curso se iba a aislar a aquellos centros que tuvieran 3 casos de COVID. ¡Horror! Se ve pronto que eso iba a hacer que se cerraran muchos centros. Y como lo mejor del protocolo es que no está escrito en piedra, pues se cambia. Los documentos vivos es lo que tienen…

Luego se piensa en aislar la clase con positivos. ¡Chungo! Se nos va la nueva normalidad al garete y encima no hay permiso para que los padres y/o madres cuiden a la prole en cuarentena.

Mejor aislemos al niño o niña sentado delante, detrás, a la derecha y a la izquierda del caso positivo. Ufff, mismo lío. Lo de la cuarentena es un marrón para la clase currante, incluso si se está teletrabajando, que los niños y niñas “estorban” al rendimiento laboral.

Pues nada, se cambia otra vez el protocolo y nos sacamos un nuevo concepto “contacto estrecho”. ¡Solucionado! Todo esto aderezado con enésimas repeticiones al día de “los centros educativos son seguros” en los medios de comunicación, en las reuniones de padres/madres -telemáticas, eso sí- y en las redes de la Consejería de la Junta de Andalucía, ha dado el resultado cloroformizador necesario.

Pero los datos son tozudos y cantan. Y así lo demuestran los gráficos del Ministerio competente, que hemos animado para mejor comprensión y visualización.


Ahora las mismas organizaciones tibias que hicieron el ruido controlado que acostumbran a hacer lo bendicen y agradecen todo y piden más despacheo, porque todos los contactos que mantuvieron para el inicio de curso fueron muy fructíferos. A la vista está, muy fructíferos para la Consejería que con una cuantas migajas y sus "community manager" a tope difundiendo titulares, se ha metido a todas las “representantes oficiales” de la comunidad educativa en el bolsillo. Pero la realidad de los centros ha sido y es otra.

¿Qué tal si, todas, llamamos a la movilización, no al despacheo que es su terreno, y pedimos medidas de verdad eficaces para que los centros sean seguros? O sea, lo mínimo, inversión y la consiguiente bajada de ratio, contratación docente y que se cumpla la ley de bioclimatización (art. 8.1). Es urgente su aplicación para mejorar la calidad del aire interior de las aulas, sobre todo en aquellos espacios donde la ventilación natural no es suficiente. Quienes nos gobiernan piensan cumplir los lamentables plazos que se dieron al tramitar la ley -18 meses para los primeros pasos-, en su intención de no invertir en lo que no les interesa: infraestructuras educativas públicas. Se mantienen fieles a esos plazos, incluso en tiempos de pandemia cuando la ley se convierte en imprescindible para proteger la salud. Llamar a la movilización es otro atrevimiento, sí. También hemos normalizado que no hay músculo. Ni lo vamos a tener a este paso. Tiene que pasar algo más gordo, dicen…

El contagio se ha dado en el primer trimestre de curso y se dará en los centros educativos, lo niegue quien lo niegue. Y ese “ojo clínico” que afirma con total rotundidad que no se produce en las aulas no puede demostrarlo, como tampoco a la inversa -de eso se valen-, aunque la estadística y esa variable que interviene a partir de la vuelta al cole parece dar la razón a quienes dijimos que los centros serían espacios de riesgo biológico.

#AsíNoDebimosVolver pero parece que vamos a continuar abundando en los errores. Fue un clamor que la educación presencial era necesaria por insustituible -a la semipresencialidad ya dedicaremos otra entrada porque eso tiene migas-, pero debía ser también segura. Y no lo es.

Habrá quien piense que nuestro título es exagerado, porque no hay tal desastre. ¿NO lo es que aún haya niñxs sin ir al colegio y sin atención? ¿No lo son el riesgo cotidiano, el miedo, la incertidumbre? ¿No lo es la semipresencialidad en los cursos superiores de la ESO y Bachillerato? ¿No lo es el robo de tiempo lectivo en el curriculum por la semipresencialidad? ¿No lo es que no en todos los centros haya recursos tecnológicos para paliar ese tiempo? ¿No lo es que haya alumnado de 2º de bachillerato que lleven un estrés añadido a la EBAU? ¿No lo es que el alumnado NEAE siga en situación educativa precaria? ¿No lo es el avance de la Concertada frente a la cada vez más vapuleada Pública? ¿No lo es que los refuerzos COVID sean tan escasos que no han permitido bajar la ratio? Suele pasar que si esperabas la muerte y sólo te despellejan lo des por bueno -parafraseando a J.L. Sampedro- pero esto es un desastre. Y pudo haberse evitado.

Volvemos al principio de esta entrada, en España la educación importa medio comino. El otro medio es lo que importa la comunidad educativa: alumnado, docentes y familias. Lástima que sólo unas pocas lo veamos así. 

Feliz 2021 y suerte.

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